24/06/2026
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Comer bien en la U: Consejos prácticos de la nutricionista María José Estrada, con reflexiones de la psicóloga Italia Águila sobre salud, cuerpos y alimentación sin culpa

En la vida universitaria, los horarios exigentes, el estrés y la presión académica son parte del día a día. Muchas veces, lo primero que se sacrifica es la alimentación. Para reflexionar sobre este tema de forma integral, conversamos con María José Estrada, nutricionista con experiencia en salud estudiantil, y con Italia Águila Moreno, psicóloga con trayectoria en acompañamiento a personas con Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) y en promoción del bienestar universitario.

En esta nota colaborativa, ambas profesionales entregan miradas que ayudan a construir una relación más amable con la comida y con nuestros cuerpos y recomendaciones para alimentarse de forma respetuosa, práctica y accesible, especialmente en contextos de tiempo y recursos limitados.

Según Estrada, mantener la energía y la concentración durante el día depende mucho de lo que comemos. “Lo ideal es elegir alimentos que entreguen energía sostenida: combinaciones de proteínas, grasas saludables y carbohidratos de absorción lenta”, explica. Algunos ejemplos que recomienda son:

  • Desayunos con avena, huevos, yogur natural, semillas y frutos secos.
  • Colaciones como frutas o barritas de avena caseras o con pocos sellos si son compradas.
  • Almuerzos variados que incluyan legumbres, arroz integral o quinoa, muchas verduras y proteínas como pollo o pescado.

También menciona lo que conviene evitar: “Comidas altas en azúcar o harinas refinadas. Dan un subidón de energía rápido, pero al rato viene el bajón de cansancio”.

Frente a la idea de que comer sano es caro o toma mucho tiempo, la nutricionista enfatiza que con organización se pueden encontrar soluciones. “Comer bien no tiene por qué ser caro ni complicado, la planificación es clave”, afirma. Recomienda planificar compras y comidas para evitar el desperdicio y cocinar por adelantado, aprovechando alimentos accesibles como huevos, legumbres, avena y verduras congeladas.

Ahora bien, como complementa la psicóloga Italia Águila, es importante que estas recomendaciones se entiendan como orientaciones posibles y no como reglas rígidas ni universales. “Cada estudiante vive realidades distintas en cuanto a tiempo, dinero, acceso a alimentos, habilidades para cocinar o incluso espacio para almacenar. Y eso también forma parte del cuidado”, explica.

Desde el enfoque HAES (Health at Every Size), la salud no se mide por el tamaño corporal ni por seguir patrones alimentarios perfectos. “Cuidarse no es hacer dieta. Comer bien tampoco tiene que ver con control ni culpa. Es encontrar lo suficiente, lo accesible y lo saludable para sostener la vida, el estudio, los vínculos, desde una mirada integral”, agrega Águila.

Además, señala que la cultura de la dieta —ese conjunto de creencias que asocia delgadez con salud y valor personal— ha generado un daño profundo en la salud mental, promoviendo la insatisfacción corporal y naturalizando formas de gordofobia, que no solo estigmatizan sino que también reproducen violencias patriarcales sobre los cuerpos. “Es importante cuestionar cómo se nos ha enseñado a relacionarnos con la comida y nuestros cuerpos desde la culpa y el control”, añade.

Desde esta mirada, la alimentación es parte del bienestar, pero no puede desvincularse de las condiciones materiales en que cada persona vive. “No podemos hablar de salud sin hablar de clase social, acceso, precarización del tiempo y del descanso. Comer en horarios desordenados no siempre es una ‘mala decisión’, muchas veces es la única posible, por eso es importante encontrar estrategias flexibles y que se adapten a los recursos disponibles en términos de dinero, tiempo, espacio, etc.”, puntualiza.

Estrada también menciona alimentos que considera clave para los estudiantes: huevos (por su aporte de proteína y colina, importante para la memoria), frutos secos, semillas, avena, frutas y verduras de distintos colores, pescado y legumbres. Y no olvida un aspecto fundamental: la hidratación. “Tomar suficiente agua mejora la concentración, reduce la fatiga mental y ayuda al estado de ánimo”.

Para facilitar la alimentación en la rutina universitaria, entrega estos consejos:

  • No saltarse comidas si hay hambre. “Comer seguido, cada tres o cuatro horas, mantiene la energía y evita atracones al final del día.”
  • Priorizar alimentos reales y simples. “Frutas, verduras, legumbres, huevos, avena… lo casero y cotidiano es suficiente.”
  • Planificarse sin presionarse. “Cocinar en cantidad, tener snacks saludables a mano y reutilizar lo que se tiene ayuda a comer mejor sin gastar de más.”

Finalmente, ambas profesionales coinciden: alimentarse no es un lujo ni un estándar estético, es una necesidad humana básica que merece ser respetada. Y como dice Águila, “comer es un derecho, no un privilegio. Y hacerlo con placer, sin culpa ni juicios, también puede ser una forma de autocuidado y bienestar en medio de la vida universitaria.”

Porque al final del día, alimentarse también es sostenerse y cuidarse.